|
Los abajo firmantes hemos participado en las jornadas sobre Ecología y
Espiritualidad organizadas por la Universidad de verano de La Gomera. Reunidos en este
lugar pleno de sacralidad que es el bosque milenario del Parque Nacional de Garajonay,
manifestamos nuestra plena adhesión al Manifiesto 2000, firmado por todos los premios
Nobel de la Paz y promovido por la UNESCO, cuyos puntos clave son: El respeto a todas las
vidas. El rechazo de la violencia. El cultivo de la generosidad. El diálogo como fuente
de mutua comprensión. La preservación del planeta. La práctica de lasolidaridad.
En relación con el mencionado punto de la necesidad
de preservar el planeta, declaramos:
1. Nuestro reconocimiento de la
extrema gravedad de la crisis ecológica
planetaria algunas de cuyas manifestaciones son la pérdida irreversible de una parte
creciente de la diversidad biológica de la tierra, la alteración el clima debido al
calentamiento de la atmósfera, la escasez creciente de agua potable, la contaminación
del agua, la tierra y el aire; la destrucción de la capa protectora de ozono que nos hace
temer que la tierra deje de ser un lugar en el que nuestros hijos, y los hijos de nuestros
hijos disfruten de un entorno saludable, armónico y pacífico.
2. Consideramos que las causas
directas económicas, sociales, demográficas, políticas de esta situación de crisis son
múltiples y complejas y requieren un acercamiento multidisciplinar desde la visión que
nos aporta nuestras
tradiciones espirituales y humanistas, queremos sin embargo remarcar que a un nivel
profundo la mencionada crisis ecológica es una manifestación de la percepción
fragmentada que nuestras sociedades han tenido de la naturaleza.
Según esta percepción, el espíritu ha quedado separado de la materia, la cultura ha
quedado escindida de la naturaleza y el ser humano ha quedado anulado del intrincado
tejido de interrelaciones que constituye la trama misma de la vida.
Esta crisis es también manifestación de la
desacralización de la naturaleza. La tierra ha quedado reducida a un "mundo de
objetos muertos", una especie de máquina que el ser humano explota con el único
objetivo de satisfacer sus siempre crecientes deseos que han desembocado en una avidez por
el consumo
Esta avidez responde por un lado al vacío existencial del ser
humano que ha
quedado alienado del carácter sagrado de la vida y por otro, a la incesante estimulación
al consumo promovido por el sistema económico actual. Consideramos también que ha
existido una relación estrecha entre esa dominación destructiva que se ha ejercido sobre
la tierra y la relajación que han conocido durante siglos los valores de nutrición,
cobijo, relación, empatía que lo femenino aporta al ser humano. Sin el desarrollo de
estos valores en el corazón de las personas es poco menos que imposible que estas
personas encuentren una relación respetuosa, armónica y curativa en su contacto con la
naturaleza que les rodea y de la que forman parte.
3. Que el ser humano que ha provocado esta
crisis tiene la capacidad,
recursos, inteligencia, bondad, creatividad y sentido de responsabilidad
para resolverla adecuadamente. En ese sentido consideramos necesario:
Transformar la percepción fragmentada de la naturaleza en una
percepción
integradora, holística, basada en la mutua relación de interdependencia entre
todos los seres.
Recuperar el carácter sagrado de la vida incluyendo a todos los
seres ya
que la vida es manifestación del espíritu invisible.
Promover una sociedad basada en la moderación, que recupere y
fomente los
valores de comunidad y solidaridad. Que promueva activamente la lucha contra la
injusticia, la pobreza y la desigualdad, que se integre armoniosamente en los ecosistemas.
Educar a nuestros hijos respetando sus ritmos y necesidades
vitales, emocionales, corporales y espirituales, de manera que crezcan como seres humanos
conectados consigo mismo. De esa manera madurarán como hombres y mujeres
libres, pacíficos y con un claro sentido de responsabilidad y empatía hacia el resto de
la red de la vida.
Queremos finalmente recordar que la consciencia que
caracteriza al ser humano del resto de especies que comparten con nosotros este planeta,
ha de ser sinónimo de una mayor responsabilidad en el cuidado del equilibrio global. La
tierra no nos pertenece. El ser humano pertenece a la tierra.
4. Para que esta transformación vaya teniendo lugar es preciso que:
Cada persona asuma su responsabilidad individual. En el cultivo de una ética
de la moderación, del respeto y armonía con el entorno. Cada hombre y mujer ha de asumir
plenamente su propia responsabilidad del consumo. En tradiciones espirituales y corrientes
humanistas se impliquen de manera decidida, constituyendo desde sus respectivas visiones
fomentar el sentido de pertenencia, respeto y armonía del ser humano en la tierra
Que los dirigentes políticos, sociales y económicos asuman un protagonismo
especial a la hora de reconocer la gravedad de la situación y de fomentar los necesarios
cambios en las actitudes y comportamientos del conjunto de la sociedad.
Que la sociedad civil se organice, que los ciudadanos asuman la defensa
activa de los ecosistemas en los ámbitos locales, regionales y planetarios. Que los
medios de comunicación fomenten la información y formación necesarias, generar
sociedades conscientes de los problemas y responsables ante su solución.
Firmado:
Dokusho Villalba; Alejandro Togores; Antxon Olague; Jasone Zabala; Olga
Salchez-Pinto; José Pablo Gadea; Xavier Serrano; Angel García Santos y
Felisa Mª Hogdson Torres.
Adhesiones al manifiesto:
Mikel
García
|
|